Blog de Raúl García

domingo 26 / 07 / 2026

La auténtica soberanía energética no consiste en levantar fronteras ni en reclamar privilegios. Consiste en utilizar la singularidad que Europa reconoce a Canarias para construir un sistema eléctrico que responda a nuestros intereses estratégicos. Un sistema que premie el aprovechamiento de nuestros recursos naturales, que haga rentable almacenar la energía que hoy desperdiciamos, que incentive tecnologías capaces de aportar firmeza y estabilidad, que convierta al consumidor en protagonista de la transición y que reduzca progresivamente nuestra dependencia de los combustibles fósiles importados.


Un nacionalismo energético para Canarias

Un nacionalismo energético para Canarias

Publicado en el suplemento de Energía del Canarias7 el 19/7/2026

Durante siglos, las islas aprendieron a convivir con una realidad que parecía inmutable: la energía siempre venía de fuera. Primero fue el carbón que alimentó el puerto y, más tarde, el petróleo que impulsó el crecimiento económico del siglo XX. Nuestra condición insular convertía esa dependencia en algo inevitable. La distancia, el aislamiento y la ausencia de recursos fósiles hacían que el abastecimiento energético dependiera de combustibles que llegaban desde miles de kilómetros de distancia. Durante décadas esa fue la normalidad y nadie imaginaba que pudiera existir una alternativa.
Hoy, por primera vez en nuestra historia, esa lógica puede empezar a cambiar. No porque hayamos dejado de ser una región ultraperiférica ni porque nuestras limitaciones geográficas hayan desaparecido. Seguimos siendo un archipiélago fragmentado en sistemas eléctricos aislados, sin interconexión con el continente y con unas condiciones técnicas muy diferentes a las de cualquier territorio peninsular. Pero ahora disponemos de la posibilidad real de producir aquí una parte muy importante de la energía que consumimos gracias al sol, al viento y, si las investigaciones en marcha confirman las expectativas, también al potencial geotérmico de nuestro subsuelo.
La verdadera revolución energética no consiste únicamente en sustituir unas tecnologías por otras. Consiste en transformar la relación histórica de Canarias con la energía. La energía deja de ser un factor de dependencia para convertirse en una oportunidad de desarrollo. Sin embargo, existe una paradoja que cada día resulta más evidente. Nunca habíamos dispuesto de tantos recursos renovables y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil aprovecharlos plenamente. Cuando coinciden una elevada producción eólica y solar, una parte de esa energía termina desperdiciándose porque el sistema no dispone de suficiente capacidad para absorberla y gestionarla. Es decir, hemos empezado a producir más energía limpia de la que nuestras reglas actuales son capaces de integrar. Ese es, probablemente, el gran debate energético de los próximos años.
Durante mucho tiempo pensamos que la transición energética dependía, sobre todo, de la tecnología. Hoy sabemos que depende también de la regulación. Las reglas del mercado eléctrico español nacieron a finales de los años noventa, cuando la prioridad era introducir competencia en un sistema dominado por grandes centrales convencionales. Pero casi treinta años después, nadie podía prever un escenario con millones de paneles solares, autoconsumo, comunidades energéticas, baterías de gran capacidad o vehículos eléctricos. Seguimos intentando responder a los desafíos del siglo XXI con un diseño regulatorio concebido para resolver los problemas del siglo XX.
Mientras tanto, Europa también ha cambiado. Tras la guerra de Ucrania, la transición energética ya no persigue únicamente reducir emisiones; persigue también aumentar la seguridad y la autonomía de los territorios. En ese nuevo contexto, nuestra singularidad ya está reconocida por el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Si nuestros sistemas eléctricos son físicamente diferentes, también es razonable que determinadas reglas se adapten.
Precisamente con ese objetivo, desde el Cabildo de Gran Canaria hemos impulsado una propuesta para adaptar el funcionamiento económico de los sistemas eléctricos canarios a nuestra realidad. La propuesta ya ha sido compartida con las principales organizaciones empresariales y con representantes del sector de las energías renovables, y la hemos presentado a diferentes instituciones públicas con competencias en la materia, que han acogido favorablemente este planteamiento y ya impulsan análisis complementarios. El objetivo es continuar con esta ronda de contactos y seguir avanzando en un trabajo conjunto que permita construir una posición común y sólida del archipiélago ante los organismos reguladores estatales. La filosofía es sencilla: si queremos un sistema diferente, debemos empezar a remunerar de forma diferente.
El primer gran cambio se centra en el almacenamiento. Durante demasiado tiempo hemos considerado las baterías como un simple complemento de las energías renovables, cuando en realidad son una infraestructura estratégica. Pensemos en una situación cotidiana. Un mediodía de verano, los parques solares producen tanta electricidad que una parte acaba desaprovechándose porque no puede consumirse en ese momento. Horas después, cuando cae el sol y aumenta la demanda, tenemos que volver a poner en marcha centrales que queman combustibles fósiles. Pues bien: nuestra propuesta cambia esa lógica. Si una empresa o institución pública instala baterías para almacenar esa energía renovable y devolverla a la red cuando realmente hace falta, está prestando un servicio al conjunto del sistema. Por eso proponemos que esa energía almacenada reciba una retribución equivalente al mayor valor entre el precio del mercado y el 85% del coste medio de la generación fósil que consigue sustituir.
La lógica de este ejemplo es clara: al sistema siempre le resulta más barato remunerar esa energía almacenada que producir la misma electricidad quemando petróleo. El inversor encuentra una señal clara para instalar más baterías, el sistema reduce sus costes, aprovechamos mucha más energía renovable y disminuye nuestra dependencia energética. En definitiva, hoy el sistema remunera a quien produce electricidad con combustibles fósiles cuando la necesita; nosotros proponemos que remunere a quien contribuye a que esa electricidad pueda suministrarse sin quemar una sola gota de combustible.
La misma filosofía inspira el tratamiento de la geotermia. Si las campañas de exploración que actualmente desarrolla el Cabildo de Gran Canaria confirman la existencia de un recurso explotable, el archipiélago dispondrá por primera vez de una fuente renovable capaz de producir electricidad de forma continua durante las veinticuatro horas del día. Ese atributo tiene un valor extraordinario para un sistema aislado. La geotermia no compite con la eólica ni con la fotovoltaica; las complementa. Aporta generación firme, reduce la necesidad de mantener grupos térmicos en funcionamiento, facilita la integración de una mayor cantidad de renovables y mejora la estabilidad del sistema. Por eso defendemos que el marco retributivo reconozca ese valor específico de gestionabilidad y no la trate simplemente como una tecnología más de generación.
La propuesta también plantea evolucionar el modelo de apoyo a la eólica y a la fotovoltaica a través de los contratos por diferencia: si el precio de mercado cae por debajo del precio acordado, el sistema compensa la diferencia; si ocurre lo contrario, es el productor quien devuelve el exceso. De esta forma se reduce la incertidumbre, disminuye el coste de financiación y se despliega nueva capacidad renovable a un menor coste para los consumidores, impulsando además la hibridación con almacenamiento para entregar la electricidad cuando el sistema realmente la necesita.
Finalmente, el cambio debe llegar al consumidor. En un sistema dominado por las renovables la lógica de la demanda debe invertirse parcialmente para ayudar a equilibrar la red. La recarga de los vehículos eléctricos, determinados procesos industriales, las desaladoras, las comunidades energéticas o el autoconsumo colectivo pueden adaptarse a las horas en las que existe mayor producción renovable, reduciendo costes y evitando vertidos de energía limpia. Nuestra propuesta plantea que esa capacidad para desplazar consumos y prestar servicios al sistema también sea remunerada.
No planteamos un cambio brusco, sino una transición ordenada por fases que abra el debate sobre la creación progresiva de un precio de referencia específico para Canarias. Se trata de disponer de señales económicas adaptadas a nuestra realidad, que orienten las inversiones hacia aquello que realmente necesita el archipiélago. Bajo una lógica de autorregulación, a medida que aumente la penetración renovable y se reduzca el coste global de generación del sistema, las retribuciones del modelo también disminuirán de forma progresiva y natural. No se trata de pagar más, sino de pagar mejor de acuerdo al coste real de cada momento.
La auténtica soberanía energética no consiste en levantar fronteras ni en reclamar privilegios. Consiste en utilizar la singularidad que Europa reconoce a Canarias para construir un sistema eléctrico que responda a nuestros intereses estratégicos. Un sistema que premie el aprovechamiento de nuestros recursos naturales, que haga rentable almacenar la energía que hoy desperdiciamos, que incentive tecnologías capaces de aportar firmeza y estabilidad, que convierta al consumidor en protagonista de la transición y que reduzca progresivamente nuestra dependencia de los combustibles fósiles importados.
Durante más de un siglo, la energía que ha movido nuestra economía llegó del exterior. Esa dependencia parecía inseparable de nuestra condición insular. Hoy, por primera vez, tenemos la oportunidad de cambiar esa lógica. Podemos construir un sistema basado en recursos que nacen aquí, gestionados con inteligencia y respaldados por un marco regulatorio pensado para nuestra realidad.
La verdadera soberanía energética no consiste en producir más electricidad. Consiste en depender cada vez menos de la energía que importamos y cada vez más de la que somos capaces de generar, almacenar y gestionar aquí. Ese debe ser nuestro gran objetivo estratégico. Porque el auténtico nacionalismo energético consiste en diseñar las reglas que permitan que la energía que mueve el futuro de Canarias proceda, cada vez más, de Canarias.

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