La auténtica soberanía energética no consiste en levantar fronteras ni en reclamar privilegios. Consiste en utilizar la singularidad que Europa reconoce a Canarias para construir un sistema eléctrico que responda a nuestros intereses estratégicos. Un sistema que premie el aprovechamiento de nuestros recursos naturales, que haga rentable almacenar la energía que hoy desperdiciamos, que incentive tecnologías capaces de aportar firmeza y estabilidad, que convierta al consumidor en protagonista de la transición y que reduzca progresivamente nuestra dependencia de los combustibles fósiles importados.
Quizá haya llegado el momento de que Canarias cuente también con una estrategia propia de electrificación, complementaria a sus objetivos de renovables y descarbonización. Una estrategia capaz de fijar metas concretas para el transporte, el turismo, el agua, la industria y las administraciones públicas.
Pero no nos engañemos: nada de esto servirá si no atacamos la raíz del problema. Cada crisis en el Golfo es un recordatorio de que nuestra dependencia energética es nuestra mayor debilidad. Canarias tiene recursos renovables de sobra para romper esas cadenas, pero el sistema actual es un embudo que no permite aprovecharlos. Hoy perdemos energía limpia simplemente porque no somos capaces de integrarla en la red.
Por eso interpelamos directamente al Gobierno central y a la ministra. Pedimos sensibilidad con un territorio ultraperiférico que ha demostrado compromiso real con las renovables y con las energías limpias. Estos proyectos no solo reducen emisiones; generan actividad empresarial, activan instaladores e ingenierías, fortalecen proveedores locales y crean empleo que se queda en las islas.
Gran Canaria lo tiene todo: aguas profundas ideales, un puerto preparado, la PLOCAN como banco de ensayos y el Salto de Chira como batería insular. Con estos activos, podríamos ser una plataforma atlántica de energía limpia, generar empleos locales verdes y diversificar una economía demasiado dependiente del turismo. Pero sin voluntad política, todo quedará en papel mojado. Y aquí quiero ser claro: no habrá transición energética real en Canarias, ni mucho menos descarbonización, sin eólica marina. El sol y las cubiertas no bastan. Pero las oportunidades no vienen solas: hay que saber aprovecharlas. Y eso exige una actitud proactiva, valentía política y visión de futuro.
Estamos aportando claramente por el almacenamiento descentralizado. La instalación de baterías distribuidas en hogares, industrias, comunidades energéticas y edificios públicos permite no solo aprovechar mejor la producción local de renovables, sino reforzar la resiliencia del sistema eléctrico frente a apagones. Los repetidos cortes de suministro sufridos en el archipiélago —especialmente en Tenerife, La Gomera, La Palma— han sido una llamada de atención que no podemos ignorar. La reciente declaración de emergencia energética por parte del Gobierno de Canarias evidencia que no estamos ante incidentes aislados, sino ante una muestra clara de la fragilidad y obsolescencia de nuestro sistema eléctrico. En territorios insulares sin interconexiones externas, contar con sistemas distribuidos de almacenamiento es una garantía de continuidad del suministro ante cualquier fallo en la red principal.