Gran Canaria lo tiene todo: aguas profundas ideales, un puerto preparado, la PLOCAN como banco de ensayos y el Salto de Chira como batería insular. Con estos activos, podríamos ser una plataforma atlántica de energía limpia, generar empleos locales verdes y diversificar una economía demasiado dependiente del turismo. Pero sin voluntad política, todo quedará en papel mojado. Y aquí quiero ser claro: no habrá transición energética real en Canarias, ni mucho menos descarbonización, sin eólica marina. El sol y las cubiertas no bastan. Pero las oportunidades no vienen solas: hay que saber aprovecharlas. Y eso exige una actitud proactiva, valentía política y visión de futuro.
No son casos aislados; es un fenómeno global. Como recordaba recientemente The Guardian, Donald Trump llegó a llamar a la ciencia climática “un gran engaño” y “pura mierda”. Esas palabras, lanzadas con desprecio, se multiplican millones de veces en redes sociales gracias a bots y granjas de trolls. Detrás hay algo más serio: alianzas entre industrias de combustibles fósiles y think tanks conservadores que buscan sembrar dudas justo donde se toman las decisiones.