la transición energética en los sectores de la navegación aérea y marítima es una oportunidad que no debemos desaprovechar. No sólo por La significativa reducción de emisiones que se va a producir, sino también por la oportunidad de generar economía, empleos y reputación verdes en nuestra isla.
El siglo XXI requiere de una ciudadanía activa que impulse el cambio hacia una isla sin emisiones de gases de efecto invernadero.
Seguimos dependiendo de los combustibles fósiles para generar nuestra electricidad, para movernos de un lado a otro de la isla, refrigerar nuestros edificios, mantener nuestra industria turística y, en definitiva, mantener nuestra actividad económica. Nuestras centrales térmicas, nuestras calderas y nuestros motores de combustión siguen respondiendo a un modelo que debe ser transformado urgentemente hacia otro de cero emisiones netas.
La transición de Gran Canaria hacia las energías limpias, respetuosas con el medio ambiente y generadas localmente no solo ayudará a proteger los ecosistemas y a nuestra comunidad insular, sino que también nos convierte en un banco de pruebas para demostrar cuál es el camino hacia la descarbonización del planeta.
Pero no debemos rendirnos, porque, como vimos anteriormente, hay signos de esperanza. Bajo ningún concepto debemos bajar los brazos. Debemos defender la visión de que nuestro planeta puede salvarse de la devastación. Y tanto Canarias como Gran Canaria deben hacer sus tareas. De todo ello hablaremos en el próximo Foro Intenacional de Ecoíslas donde vamos a compartir buenas prácticas con otras islas y con ponentes de diferentes lugares del mundo.
En este sentido coincido plenamente con Pedro Fresco cuando dice que "tenemos que impulsar el autoconsumo, es prioritario, pero no es excluyente, todo es necesario, estamos en una transición energética que es enorme". Sin duda, para poder cumplir con nuestra cuota de responsabilidad en la lucha contra el calentamiento global, tenemos que aumentar la intensidad de nuestra transición energética, en Canarias al menos, tres o cuatro veces más rápido del ritmo actual. Ojalá que se llegue a entender que no sólo debemos aumentar la velocidad, sino también la diversidad de soluciones para ser más resilientes.